Ensayos breves sobre la condición humana.
Los monólogos de Adaneva
LOS DOS LADOS DE LA MENTE
La psicoterapia experiencial considera dos grandes sistemas de la mente humana: el sistema directivo, relacionado con actividades dirigidas a metas, y el sistema relacional, relacionado con el afecto interpersonal dentro de la familia, las amistades íntimas y la pareja. El sistema de defensas animal está al servicio de ambos sistemas y funciona como un dispositivo de alerta que nos puede llevar, cuando nos sentimos inseguros, a reaccionar mediante la agresión, la huida, la parálisis y el apagamiento. Si quieres conocerte mejor a ti mismo, necesitas primero entender cuál es tu personalidad, para luego observar de qué manera se implican en ella estos sistemas.
Pongo mi propio ejemplo: Durante mi infancia y adolescencia, se fue definiendo una estrategia de adaptación social que devino en un personalidad claramente sensible y retraída. El temor al rechazo me hizo retraerme en mi mundo interno y en mi actividad mental, volviéndome una chico solitario, cargado de dolor emocional por los problemas de sus padres y la ausencia de atención emocional. ¡Necesitaba tanto ser visto y lo temía al mismo tiempo! No sabía por qué era así. Me llenaba de miedo la idea de acercarme a las personas que me gustaban y terminaba por esconderme. Los libros y la música eran mi lugar seguro, pero no podía seguir evadiendo el encuentro, así que en la juventud me enamoré y sufrí las consecuencias de mi inseguridad. La herida materna de rechazo e invisibilización se abrió con mis parejas y llegué a creer que había algo malo en mí, algo que apartaba de mí a las personas: falta de coraje, simpatía o confianza en mí mismo. Así que me volqué a un sueño: convertirme en un escritor, cosa en la que tenía posibilidades de éxito por mi talento para el lenguaje y mi afición a la lectura. Con el tiempo, llegué a formar una pareja, mas en el afán de conservarla, me volví concesivo e hice todo lo que consideraba necesario para serle imprescindible. Aterradoramente las adicciones, al mismo tiempo que calmaban mi ansiedad y me procuraban un falso self aventurero y desenvuelto, saboteaban esta estrategia complaciente, poniendo en peligro la estabilidad del matrimonio. ¿Qué hacer?
Gracias a la terapia entendí el origen de esa estrategia de afrontamiento sensible retraída y la forma en que operaba mi sistema relacional, con una parte vulnerable insegura, y otra parte protectora, orientada hacia la complacencia. “Si soy bueno, esforzado y generoso me van a amar”, era la creencia que gobernaba a la parte protectora. Pero aunque lograba representar este papel medianamente bien, fracasaba a último momento y por las costuras de mi personalidad aparecían la tristeza, la inseguridad y el miedo al abandono. Nuevamente se activaba la estrategia de retraimiento por la cual me encerraba dentro de mi actividad artística para sentirme a salvo de esos aterradores sentimientos. En ese espacio, yo tenía poder, pero no alcanzaba, no era suficiente. Había que trabajar y cuidar a una familia. Había que enfrentar la adicción y la dependencia emocional.
Fue entonces que empecé mi proceso de autoconocimiento. Me di cuenta de que necesitaba sanar. Dejar de ocuparme prioritariamente de mi familia para ocuparme de mí mismo y enfrentar mis miedos fundamentales. De pronto me pregunté quién era yo, por qué sufría tanto y qué necesitaba para sentirme bien. Dejé de identificarme con la parte victimizada que servía a las necesidades de su pareja, para preguntarme qué era lo que yo quería en la vida. Lo primero que hice fue cambiar de profesión y ser independiente, dejar de trabajar para una oficina. Me pagué mis estudios de psicoterapia y empecé a ejercer en mi casa, donde me sentía a salvo de las drogas. Empecé a tomarme la Literatura en serio y escribí diez novelas de las que me siento muy orgulloso, pues son hijas de la inspiración y del oficio. Lo más importante: empecé a decir lo que sentía, lo que pensaba y lo que deseaba con mayor facilidad, a confiar en mi pareja, sacándola de ese lugar en que la había colocado al ensoñarla como un crítico externo avergonzante ante el que debía rendirme y expiar mis faltas.
Fue así como entendí que el sistema relacional se basa en un circuito de empatía, el cual nos permite sentirnos a gusto con el otro cuando nos creemos merecedores de afecto. Descargar las creencias y sentimientos relacionados con el trauma fue lo primero, antes de actuar y fortalecer las nuevas creencias que me validaban: soy valioso, soy alegre, merezco el amor y no tengo que volverme útil para que me acepten. Poco a poco, me atreví a ser más auténtico. Descubrí que la creencia más oscura anidada en mi parte más vulnerable e infantil era la creencia de que me iba a morir si desilusionaba al ser amado, atrayendo su ira y su desprecio. Una proyección del trauma materno no resuelto. Como resultado de este proceso de transformación, parte de la energía destinada a manejar el trauma, se liberó y quedó a disposición del sistema directivo, con lo cual mejoró mi actividad artística.
O sea que los problemas en el sistema relacional debilitan de paso al sistema directivo y viceversa: los problemas del sistema directivo (relacionados con el logro de objetivos y la actualización del potencial) terminan por afectar la vida sentimental. Ambos sistemas forman algo así como el lado Yin y el lado Yang de la mente humana, el lado femenino y el lado masculino de nuestro cerebro.
El sistema relacional está dirigido a conseguir el afecto y la pertenencia grupal y se fortalece cuando hemos crecido en un entorno de apego seguro. El sistema directivo está dirigido al logro de metas y se fortalece cuando sentimos que podemos prever el futuro y controlarlo mediante nuestros actos, conquistando un futuro deseable, mediante el despliegue de nuestro potencial. Las creencias negativas que pueden limitar el funcionamiento óptimo del sistema directivo son: no soy capaz, no puedo, todos lo hacen mejor que yo, nunca voy a lograr nada en la vida, etc. Creencias negativas instaladas en el inconsciente personal como resultado de experiencias de crecimiento en las que fuimos avergonzados por nuestras figuras de apego o influencia.
EL ARTE DE MORIR
La psicoterapia tiene un objetivo: ordenar nuestro mundo interno en relación con el medio ambiente, las relaciones interpersonales y un propósito de vida coherente, basado en tu potencial y tus opciones sociales. Es un arte de introspección para liberarse de la tiranía de los hábitos basados en el sufrimiento y las estrategias de adaptación caducas generadas en el proceso de crecimiento. Te haces cargo de tu vida y tomas decisiones, pero el vacío (el vacío último) persiste. Una vida con sentido es una vida capaz de tolerar el sufrimiento inherente a la existencia, pero la existencia no da cuenta del ser o del plano espiritual. No creo que existimos en el sentido en que los existencialistas nos pensaron: como seres arrojados a un mundo catastrófico, dotados de la voluntad y el conocimiento para luchar, sobrevivir y hacer algo con nuestras vidas, como individuos y como comunidad. Eso tiene valor pero llega a un límite o punto ciego, del que no se puede pasar. Hay un algo más que podría llamarse el espíritu de vida, luz interior o dios en mi (atman), que nos busca incesantemente y puede inervar nuestro cuerpo si nos limpiamos y hacemos silencio.
El espíritu trata de llenar el templo (el cuerpo) para habitar ahí y desde ahí celebrar el mundo, pero el ego mental, con su lucha despiadada contra los defectos de personalidad y su empeño en triunfar con sus deseos y propósitos (muchas veces basados en el temor), obscurece la unión mística. Nuestro cuerpo no es ese cuerpo de impulsos y pasiones amenazantes que la psique imagina, un organismo que debe ser dominado, controlado y puesto al servicio de nuestros intereses personales. Al igual que el ahorcado del tarot —que cuelga del tobillo cabeza abajo—, debemos invertir la servidumbre y dejar que la mente siga al cuerpo en su más profunda tendencia: la de sentirse plenamente vivo y satisfecho, lo cual solo se puede experimentar en la unión mística, la que da como fruto nuestro espíritu individual, listo para ser cosechado por la muerte. Tal como lo entienden el yoga y otras disciplinas, nuestro cuerpo es el mayor aliado del espíritu en el estrecho camino hacia la divinidad. El ego mental es algo que debe morir para que seamos en plenitud, pero hay que atravesar un escollo: el ser y la inexistencia coinciden, por eso tememos tanto la iluminación... porque tememos morir en nuestra identidad personal, perder el yo, morir a nuestra existencia tal como la conocemos.
Esta muerte psíquica se convierte en una preparación y un camino hacia la muerte final de nuestro cuerpo, cuando seamos cosechados por la luz. Prepararse para la muerte es aprender a vivir virtuosamente. Virtud es el amor consciente de la persona que entrega su vida por algo que le trasciende y es universal, como lo es la vida misma como universal concreto o Espíritu de Vida (representada como aquel ave blanca, paráclito o fuego vivo que desciende sobre la coronilla de los discípulos de Jesucristo), fuente de sabiduría y entendimiento. Morir físicamente es necesario para que la vida triunfe. Gracias a la muerte hacemos un espacio para lo demás, la evolución se hace posible y dejamos que nuestros hijos sigan adelante, recreando el mundo e integrándose a la gran corriente de vida natural, ese río de las transformaciones que nunca se detiene. Asumida conscientemente, la muerte es una entrega: se nos dio la vida y luego la damos para que lo demás sea. Esto puede ser aceptado con mayor facilidad por las personas que han vivido correctamente y encontrado sentido a su existencia, pero solo plenamente integrado por quienes reciben el Espíritu de Vida y alcanzan sabiduría espiritual. Cristo en la cruz nos enseña que la muerte puede volverse una elección consciente, una vocación por los demás y en este sentido un camino hacia la vida eterna, como sea que entendamos esa perpetuación. Amar, en sentido cristiano, es cuidar la vida.
El arte de morir se cimenta en la práctica de la generosidad y en esa otra virtud cristiana, tan incomprendida para mí durante muchos años: la caridad (caritas: cuidado del otro), basada en la compasión por el que no puede cuidar de sí mismo debido a la injusticia sistémica de la sociedad: el pobre, el marginado. Mediante una vida virtuosa (es decir orientada hacia el respeto por la vida y la solidaridad) hacemos el mundo habitable y digno de ser vivido por los que quedan y los que van a venir. El individualismo libertario, disfrazado de virtud, preconiza el ideal de la autorrealización bajo premisas como “sé tú mismo”, “persigue tus sueños”, “no te rindas”, cegando espiritualmente a la persona y arrastrándola a una ansiedad sin fin, como si la vida se tratara de eso: un teatro del yo donde alcanzamos valor gracias a la tenacidad, el éxito y la admiración de los demás. Sin darnos cuenta, devenimos en consumidores aferrados a sus pertenencias (ganadas ciertamente con esfuerzo) para aplacar el sinsentido final de sus vidas. Pero el vacío sigue ahí, como un síntoma, para guiarnos hacia la crisis y la transformación. La pregunta es entonces: ¿Debo o no perseguir mis sueños? Por ejemplo: el sueño de manejar un hermoso auto deportivo. La respuesta es no. Ese no es tu sueño: esa es tu fuga hacia la fantasía y tu nueva fuente de ansiedad. Si no lo consigues vas a sufrir, y si lo consigues, vas a volverte ciego espiritualmente y a cimentar tu egocentrismo con el discurso de “Yo me lo gané trabajando y me lo merezco”. Pasado un tiempo, sin embargo, el auto se volverá naturalmente ordinario, como ese primer auto de segunda mano que compraste en tu juventud y que te dio mayores satisfacciones. En tu ser más profundo sentirás el vacío y tenderás, impulsivamente, a buscar nuevas adquisiciones y entretenimientos para resarcirte. Soñar es otra cosa: es dejar que el inconsciente nos hable con imágenes misteriosas que nos orientan en el proceso de creación, muerte y renacimiento espiritual. Soñar es ir detrás de una intuición profunda y abandonarnos a una fuerza interior que viene en nuestro auxilio para guiarnos a través de las dificultades o desarrollar una obra (tal como nos enseñan los cuentos de hadas). Los sueños del capitalismo no son sueños: son senderos al vacío.
Nuevamente volvemos al vacío como síntoma o llamado hacia la vida profunda. Despojarse es importante en un momento avanzado de la vida: te despojas cuando dietas, te disciplinas corporalmente, meditas y vives con lo necesario, orientando tu vida hacia el contacto espiritual y trabajando con responsabilidad hacia tu propio potencial de vida y el bien colectivo. Un día vas a partir y será hermoso que seas tú el que se entregue con gratitud y de vida al mundo.
EL ARTE DE PONER LÍMITES
Los límites están de moda... "Debo aprender a poner límites", se escucha decir a tantas personas que se sienten, de alguna manera, abusadas o agobiadas por sus obligaciones familiares o su pareja. Esta ausencia de límites, experimentada como tolerancia, es una manera de conservar vínculos pero genera resentimiento. Mas un límite (pensemos en un círculo) tiene dos lados, por así decirlo, hacia dentro y hacia fuera. Hacia afuera el límite puede expresarse como agresividad sana, un gesto decidido que impide que otra persona invada nuestro espacio personal. Hacia dentro, el límite funciona como definición de nuestra identidad, de algo que debe ser cuidado y protegido de los efectos disolventes de la culpa, la vergüenza o el temor. Es ese cerco que nos garantiza que adentro siga vivo el jardín y nos sintamos seguros, más libres, serenos y expandidos. Esperar que los demás nos faciliten esto es una utopía. Como adultos, solo nosotros podemos ser los mejores jardineros y cuidadores de nuestras partes vulnerables o necesitadas. Para eso debemos desafiar a las partes que temen el rechazo, la desvalorización o el abandono. No siempre vamos a gustarles a la persona que espera de nosotros una permanente disposición hacia sus necesidades, pero también es cierto que muchas veces nuestro miedo a desilusionar o ser rechazados nos hace imaginar que la otra persona se va a ofender o sentir rechazada si ponemos esos límites. La verdad es que si hay afecto, lo más probable es que nos entienda. Sólo hace falta explicarlo: “No puedo ayudarte este fin de semana con esto, voy a salir con mi familia”. No hacen falta justificaciones. No eres un criminal por negarte a hacer lo que no deseas hacer y elegir tu bienestar. Porque solo si cuidamos bien de nosotros mismos y tenemos una vida plena, con sentido y hermosa de ser vivida, podemos ayudar a otros de manera auténtica, no victimizada y generosa. Para eso es importante confiar en la comprensión del otro y expresarse de manera relajada, dándole sentido a lo que hemos decidido, y apoyando conscientemente a la parte de nuestro mundo interno que nos necesita: esa parte, por ejemplo, cansada, que necesita distracción y reposo, o esa parte sensible que desea salir a caminar con el perro al parque, o esa parte que desea estudiar y necesita suspender una ayuda económica a sus padres, antes entregada sin problema. Es el caso del hijo que se casa y que hasta el momento ha sido el apoyo material y emocional para una madre dependiente. Para iniciar su nuevo hogar, se verá en la situación de poner un límite a las demandas maternas. Esto puede generarle culpa o temor al rechazo, pero será el paso necesario hacia una vida nueva. A veces las cosas se complican en el trabajo: hemos sido contratados para algo y luego se nos dan tareas que no nos corresponden y nos sobrepasan. El miedo a perder el empleo nos hace bajar la cabeza y tolerar esto, hasta explotar un día, sin haber antes puesto un límite en el primer momento, antes de que las cosas se caldearan. En el fondo se trata de el derecho a sentirse bien que todos tenemos… ¿O no?
LOS HIJOS E HIJAS PARENTIFICADAS
LA PARENTIFICACIÓN ES EL PROCESO POR EL CUAL UN HIJO O UNA HIJA deja de vivir las experiencias propias de su edad, bajo la protección de sus padres, pasando a tomar responsabilidad por el cuidado de la casa, de un hermano vulnerable o de sus propios cuidadores. Pensemos en una madre deprimida que, al ser abandonada por su marido, se echa al abandono en una cama y descuida las tareas maternales, saliendo por las noches y apareciendo a veces el sábado tarde después de permanecer dos días con su nuevo amante, mientras deja a su hija a cargo de su hermanito menor. Pensemos en el padre alcohólico que inspira pena a su hija, quien siente una maternal compasión por aquel hombre derrotado al que considera (tal como él se encarga de hacerle entender) víctima de las injusticias de la vida y los maltratos de la esposa. Pensemos en una madre divorciada que pierde la movilidad a causa de una enfermedad nerviosa y debe ser cargada en peso, llevada al baño y alimentada por una hija o hijo adolescente, privado de vivir las alegrías comunes de su edad y de tener amigos. Pensemos en el hijo a quien su madre elige como protector y apoyo frente a las durezas de la vida, colocándolo en las funciones de defensor frente un padre violento y sin trabajo… Todos estos casos y otros parecidos dan origen a esto que llamamos el hijo o hija parentificados. Seres que sienten a sus padres como una carga, cuidan a sus cuidadores o se ven obligados a asumir el rol materno o paterno por disfuncionalidad de uno de sus cuidadores.
Seres a los que se les priva de los gozos de la infancia y/o de la adolescencia.
Cuando crecen, estos hijos parentificados tienen problemas para funcionar normalmente. La más típico es que sientan culpa cuando ven por su propio bienestar o conveniencia. Se suelen autopostergar para hacerse cargo de los problemas de sus padres y/o hermanos. Tensos y ansiosos, son la imagen viva de la rectitud y del esfuerzo por lograr que las cosas se enderecen, pero son a veces recibidos por sus familiares que los necesitan como excesivamente intolerantes. Lloran a veces en soledad, sintiéndose resentidos por no recibir reconocimiento por sus sacrificios. Algunas veces, sin embargo, demandan y obtienen respeto a su autoridad, y cuando consiguen la obediencia, se sienten recompensados. La mayor parte de las veces, sin embargo, son solamente desdichadas criaturas que enferman por causa de la carga parental y no pueden formar un hogar adecuado, en el cual renuncien a su rol de cuidadores de sus padres para ocuparse de su propia familia o de sus propios deseos con entera libertad.
¿Es posible salir de este rol? Por supuesto que sí, y la terapia ofrece a las persona parentificada la posibilidad de entender las partes internas y externas del conflicto. Por ejemplo: un padre victimizado que culpabiliza a una hija con un buen trabajo por dejar “en el abandono” a un hermano alcohólico. La hija parentificada, que ha maternado en su adolescencia a ese hermano cuando era pequeño, puede sentir iras hacia él, cuando, siendo ya un adulto, no asume responsabilidades. Esta parte enojada la empujará a soltar el cuidado del hermano, pero la culpa que esto le produce la empujará de vuelta al rol, junto con cierto sentimiento maternal, de compasión hacia ese hermanito que sus padres no supieron amar. La sensación que la lleve a terapia puede ser el cansancio y el resentimiento: “A nadie le importa lo que yo siento, creen que yo puedo con todo”. Por una parte cree que necesita dejar a su familia a un lado para realizar sus sueños personales, pero pro otro se siente mal de hacerlo, como si fuese una mala persona. Entender de dónde vienen esos sentimientos y creencias que le impiden liberarse es el trabajo del psicoterapeuta, para que ella tome distancia, los cuestiones y reclame su rol de hija adulta (no adolescente) de sus padres y de hermana (no madre) de su hermano.
EL APEGO ANSIOSO AMBIVALENTE Y EL CUERPO
EL FAMOSO APEGO ANSIOSO AMBIVALENTE corresponde a lo que la vieja psicología clínica llamaba el tipo oral o, en otras nomenclaturas, la persona “dependiente cariñosa”. Con un cuerpo más suave, más cálido y de mirada anhelante, la persona con apego ansioso ambivalente trata de hacer siempre contacto para crear intimidad y cariño en sus relaciones, reteniendo en su interior el miedo a ser abandonada. Se suele adjudicar a este tipo cierta inseguridad en el propio valor o en la propia belleza para conservar una pareja y la insistencia en buscar la cercanía apaciguadora, con los enojos subsiguientes cuando se siente apartada o engañada (de ahí la ambivalencia). No es raro que su pareja pida un espacio propio (enloquecedor pedido sin sentido para la persona con apego ansioso ambivalente) y que ella sospeche de otras personas que puedan robarle la atención. Una vez abandonadas, no pueden funcionar bien en el mundo ni enfocarse en sus tareas, pues su sentimiento de dolor las anula por completo. Una vez superado el duelo, no es raro que se sientan bien a solas y decidan que van a ser más autosuficientes y enfocarse en sus logros individuales, en su desarrollo personal, pero eso no dura mucho, pues apenas se sienten objeto de atención, el patrón se reactiva…
El apego inseguro ANSIOSO AMBIVALENTE, junto con el apego EVITATIVO (del que hablamos ya en la nota anterior) y el apego DESORGANIZADO (que oscila entre ambos y no tiene un patrón predecible), estos son los tipos de apego inseguro señalados por Bowlby. A mi manera de ver, Bowlby comete el error de oponerlos al apego seguro, eliminando de manera sorprendente otros tipos de apego inseguro no relacionados con la intimidad, sino con la autonomía y el control, probablemente porque estos se originan en etapas del desarrollo posteriores a las estudiadas por Bowlby y acaecen a personas que tuvieron hasta los tres años un apego seguro con su madre. Estamos hablando de personas, por ejemplo, dominantes, que protegen, dan amor y lo reciben en un espacio seguro creado por la sumisión del otro. Si la persona dominante se topa con una persona con apego ansioso ambivalente, tendremos una relación posesiva, llena de escenas intensas y pasiones desbordadas que unen y separan a cada rato. La persona dominante usará el punto débil de la otra y amenazará con irse, la persona con apego ansioso lo tratará de engañoso y violento. Un patrón relacional que puede volverse adictivo, ya que no es raro que una mujer con apego ansioso ambivalente busque hombres dominantes, pues suelen paternar mejor que otros. ¿Cuál sería la opción? Buscar una buena persona, tranquila y confiable, que se acomode a los deseos de la persona ansiosa y se desvele por complacerla, es decir, una persona cargadora, abrumada y paciente… justo otro tipo de patrón relacional que podríamos unir, junto a la persona dominante, como formas de apego inseguro relacionadas a la esfera de la autonomía y el control… o si deseamos cambiar la óptica, personas con “apego seguro condicionado”. Las personas dominantes suelen tener cuerpos más desarrollados o voluminosos, con una musculatura tensa en la espalda y piernas más delgadas (en los hombres) o caderas anchas (en las mujeres), ponen su atención en el entorno y tienen actitudes más decididas que los caracterizan, mientras que las personas con apego ansioso ambivalente, suelen ser más suaves, elongadas y con cuerpos más parecidos a las personas evitativas, pero más vitales y sin la mirada gacha de estas últimas, sino dirigida hacia los ojos del otro, en busca de contacto (Si deseas estudiar tu cuerpo, escribe un mensaje a mi Whatsapp 0997330894 y solicita cita individual o una inscripción en el Curso de Psicoterapia corporal “Lo que tu cuerpo dice”, a realizarse en marzo 2026 y explicado en esta página en el botón de CURSOS). ¡Salud! Sigue fresco, sigue salvaje.
EL APEGO EVITATIVO Y EL CUERPO
EL FAMOSO "APEGO EVITATIVO" corresponde corporalmente a una postura colapsada (hombros caídos hacia delante, espalda débil y columna colapsada con curvas acentuadas por la falta de energía para el elongamiento) y a cierto estado de languidez habitual, de la que sólo se sale momentáneamente en momentos de peligro en los que se experimenta estrés (hiperexitación del sistema simpático) o en otros de conectividad en los que me siento plenamente vivo (activación del sistema parasimpático vagal-ventral con excitación óptima del simpático). Permaneciendo en un estado de languidez y desconexión por defecto, la persona con apego evitativo es más o menos indiferente a lo que el mundo le demanda. Hace lo que debe hacer sin involucrarse demasiado y se retrae apenas puede hacia un mundo de fantasías o especulaciones mentales. Luce abstraído y está realmente abstraído porque esta es su manera de evitar el contacto con sentimientos de dolor y rabia emocional o generados por el rechazo y el desamparo vivido durante la infancia. La postura colapsada, en ese sentido, es importante como un mecanismo de desconexión emocional con la parte dolida o marginada de la personalidad: ese niño herido encerrado en algún sótano del mundo interior… Desde esta manera de habitar el mundo, logramos atravesarlo como fantasmas, sin que las situaciones externas nos afecten demasiado, pues no oponemos resistencia ni combatimos activamente por satisfacer nuestros deseos. Nos acomodamos lo mejor que podemos para que los demás nos dejen en paz y buscamos un camino de realización en soledad, que se ve perturbado, naturalmente, por el mayor peligro: el enamoramiento y la dependencia emocional, que vienen a sacarnos de nuestra concha como saca de la valva un pescador al molusco con un afilado cuchillo. En ese momento hay dos alternativas: éxtasis o infierno, plena aceptación o rechazo. Incapaz de un término medio, la persona con apego inseguro evitativo (también identificada como estrategia sensible retraída) se pondrá al servicio del otro con la sensación de estar en permanente riesgo de abandono o rechazo. Al no manifestar deseo y exponerse al conflicto, sacará a su pareja de casillas y esta sentirá que tiene como pareja a alguien que no propone ni dispone de nada, carente de fortaleza e individualidad… ¿Le suena a alguien esto conocido? (Si deseas estudiar tu cuerpo, escribe un mensaje a mi Whatsapp 0997330894 y solicita cita individual o una inscripción en el Curso de Psicoterapia corporal “Lo que tu cuerpo dice”, a realizarse en marzo 2026 y explicado en esta página en el botón de CURSOS). ¡Salud! Sigue fresco, sigue salvaje.
HISTORIAS QUE EL CUERPO CUENTA
Te preguntarás a veces por qué te duelen las rodillas o te cuesta respirar en las cuestas, por qué te encorvas y miras hacia abajo o por qué aprietas las mandíbulas y miras fijamente al frente, por qué te cuesta dormir o te sientes somnoliento a veces durante el día, por qué no te puedes quedar quieto y sientes tensión en los músculos de la espalda o del cuello, etc. etc. Cada persona tiene un cuerpo diferente, no sólo por su genética, sino por las cargas que lleva y la manera en que las contiene y administra. Durante el proceso adaptativo aprendimos esto. Lo que sucede en el alma sucede en el cuerpo y lo que sucede en el cuerpo sucede en el alma, de manera que para lidiar con alguien que nos amenaza con su poder, unos aprenderán a bajar la cabeza y otros a sostener la mirada con tenacidad, endureciendo los músculos del abdomen y asegurando las rodillas, algunos se desconectarán mediante un estado de lasitud muscular y una mirada desfocalizada, otros expresarán su indefensión buscando con sus ojos húmedos alguien que los proteja… hay muchas estrategias de afrontamiento infantil y cada cual tiene las suyas. Una vez instaladas durante la situación de crecimiento, se establecen de manera crónica y se convierten en habituales. Entonces funcionan de manera automática e inconsciente. Llegamos a creer que “somos así”… Por este motivo, estudiar nuestro cuerpo sin tratar de modificarlo, es el primer paso de la psicoterapia corporal. No se trata de corregir algo, sino de entender la forma en que terminamos por adaptarnos al medio ambiente original construido por la experiencia familiar temprana y la adolescencia. Esto involucra tres partes principalmente: el sistema músculo-esquelético, el sistema respiratorio y el sistema nervioso autónomo, siendo este último el que mayor incidencia tiene sobre los demás y que se relaciona con la neurocepción de seguridad, inseguridad y amenaza. El resultado es ese cuerpo que tenemos y que nos ayuda a sobrevivir no sólo física sino emocionalmente. No en vano, el cuerpo cuenta siempre una historia pasada y la perpetúa, aun cuando nuestras condiciones de vida y nuestras posibilidades hayan cambiado, haciendo del presente una repetición dolorosa del pasado. ¿Qué hacer entonces? ¿Modificar nuestra manera de sentarnos, caminar, mirar y respirar? ¿Enfocar las emociones escondidas y las memorias que dieron origen a esas posturas y tensiones innecesarias? (Si deseas estudiar tu cuerpo, escribe un mensaje a mi Whatsapp 0997330894 y solicita participar en el Curso de Psicoterapia corporal “Lo que tu cuerpo dice”, a realizarse en marzo 2026 y explicado en esta página en el botón de CURSOS). ¡Salud! Sigue fresco, sigue salvaje.
EL CAMINO DEL CRECIMIENTO PERSONAL
Soy tecnólogo en desarrollo personal y realizo talleres y acompañamiento personal. Practico una forma de psicoterapia llamada Psicoterapia Gestalt Integrativa y me apasiona escribir novelas.
Mi trabajo es ayudar a las personas a darse cuenta de la manera en que gastan buena parte de su energía lidiando con los problemas imaginarios de su personalidad neurótica, para que, una vez enraizados en la realidad, vivan sus vidas con plenitud, haciendo uso de su potencial y orientándose hacia metas y actividades que los hagan sentir plenamente vivos.
El primer paso es, pues, ayudar a las personas a darse cuenta de la manera en que pierden buena parte de su energía lidiando con los problemas imaginarios de su personalidad neurótica. Una personalidad basada en el sufrimiento infantil y el desarrollo de una estrategia protectora que nos protege de dicho sufrimiento. En nuestra personalidad neurótica ordinaria hay dos partes: la parte vulnerable que porta heridas emocionales del pasado, y la parte protectora que desarrolla estrategias de afrontamiento que nos mantienen a salvo de dolor de las partes heridas.
Pongamos de ejemplo a una persona se ha vuelto auto-suficiente para evitar que, al confiar en alguien, ese alguien le falle y se abra de nuevo una profunda herida de traición que vivió en el pasado con su padre. Esta autosuficiencia desconfiada será la estrategia de la parte protectora. Mientras la estrategia funcione bien, la persona estará a salvo de los sentimientos, memorias y creencias dolorosas de su parte herida por la traición y el desengaño.
El problema, sin embargo, está en el hecho de que esta persona no puede vivir una vida completamente autosuficiente en la que no confíe nunca en nadie y cargue sola con todo el peso de las dificultades...
Esto es imposible. Se sentirá sola, terminará agotada y se desplomará.
Además, puede suceder que un día se enamore de alguien que la trate bien, le ayude y le haga sentir entendida, despertando en su parte vulnerable una poderosa ilusión: la de que por fin apareció esa persona especial que la sanará de su herida y nunca le fallará. Se trata aquí de proyectar en el otro la figura del buen padre o la buena madre que nos faltó en la infancia y creer que esta vez las cosas saldrán bien, que esta persona ha venido al mundo para cumplir con nuestra experiencia faltante de amor y apoyo incondicional. El objeto de este apego es un objeto, por lo tanto, idealizado, y no podrá sostenerse demasiado tiempo. Es una hermosa proyección de nuestro niño herido: un pendiente no cerrado que subyacía en nuestro inconsciente personal, se apoderó de nuestra mente en la vigilia y nos arrastró a la ensoñación.
El resultado de esto es fatal.
Ante un pequeño percance, la persona pasará de la ilusión a la desilusión. La herida emocional de desengaño se volverá a abrir y la inundará de un dolor abrumador, redoblándose entonces la vigilancia de su parte protectora y su estrategia de autosuficiencia.
Todo este juego de ilusión, desilusión, miedo, control y descontrol toma tanta energía, que perdemos la capacidad de vivir plenamente nuestras vidas. A duras penas subsistimos. Sencillamente nos ganan la ansiedad, el pesimismo y el cansancio.
Una vez que nos damos cuenta de la manera en que producimos todo este sufrimiento, podemos dar un segundo paso: liberarnos de los sentimientos, creencias y reacciones basadas en traumas del pasado.
Afortunadamente, como dice Ron Kurtz, las partes vulnerables y protectoras viven en el pasado y pueden ser traídas al presente, donde sus miedos y creencias ya no son aplicables. Es como si la persona de nuestro ejemplo abriera los ojos y descubriese que no es verdad que no se puede confiar en nadie, y no es verdad que siempre le van a fallar, y no es verdad que pueda hacerse cargo de todo. El mundo en que esas creencias se forjaron para protegerla ha desaparecido. La verdad, ahora, es que puede fiarse, en ciertos aspectos, de algunas personas. La verdad es que puede trabajar en equipo y la verdad es que tiene derecho a descansar y pedir ayuda, ocasionalmente, a las personas que la aprecian.
Esta revelación, cuando logra inundar la conciencia de la persona autosuficiente, trae una experiencia de liberación que posibilita el cambio. Es como despertar de un mal sueño. En ese momento, las viejas creencias dolorosas de la parte vulnerable son sustituidas por nuevas creencias, más positivas y más realistas. La parte protectora se ve liberada de ejercer una vigilancia y precaución agotadoras, y la persona, como dice Fritz Perls, deja de vivir en una actualización permanente del pasado.
En ese punto es cuando nos enraizamos en el presente y podemos centrarnos en lo que realmente importa: nuestro desarrollo personal.
Es precisamente el Desarrollo Personal el tercer y último paso de la psicoterapia Gestalt Integrativa.
Según mi maestro Patricio Varas, el Desarrollo Personal empieza donde termina la Psicoterapia. Una vez liberada de sus juegos neuróticos, la persona puede dedicarse de lleno al desarrollo de su potencial. Esta es una manera, no solo de satisfacer anhelos profundos, sino de responder a las necesidades del mundo de una manera auténtica y creativa. Lo que vivimos en ese momento es una aventura en la cual abandonamos el lugar seguro y nos arriesgamos a ser quienes realmente somos, asumiendo lo que hay de potente y maravilloso en nosotros como un desafío y un destino. Pues de nada sirve tener un lugar seguro si no podemos usarlo como punto de partida para salir a la aventura. Son polos complementarios.
En términos jungianos, durante la aventura lo que hacemos es desencadenar y gobernar la energía de los dioses que nos habitan. Es un proceso creativo que cuenta con la colaboración del inconsciente colectivo. Es lo que le sucede a un chef cuando inventa un plato inolvidable, o lo que le pasa un luchador social cuando logra realizar una reforma importante. Es lo que me pasa cuando me engancho a escribir una novela: después de varias exploraciones doy con algo estimulante, que resuena con mi memoria emocional y enciende la colaboración del inconsciente, produciéndose el momentum. A partir de ese punto, ya no hay esfuerzo. La obra parece hacerse por sí sola. Una energía intensa nos impulsa. Nuestro cerebro se conecta en múltiples e inéditas direcciones. Y si esto sucede es porque soy leal a mi vocación. Hablo de lo que Carlos Castaneda llama “un camino con corazón”. Cuando avanzamos por ese camino, nuestra existencia tiene sentido y nos sentimos completamente vivos.
HISTORIA DE TEFA:
UN EJEMPLO DE LO MENCIONADO ANTERIORMENTE.
1.- Cuando era niña su padre le había fallado en pequeñas cosas, como olvidar su cumpleaños o no llevarle al colegio el cuaderno que se olvidó en casa. Aunque esto le molestaba, quería mucho a su papá y lo prefería sobre su madre, ya que era juguetón y encantador y no se hacía problema de nada.
2.- La catástrofe sucedió cuando ella entró a la Universidad y el padre incumplió con su promesa de pagar la mensualidad con un crédito bancario. Ella ingresó y a medio semestre el empezó a dejar de pagar las cuotas. Luego el papá se compró un auto.
3.- Tefa termina con esto de formarse una estrategia autosuficiente basada en la creencia de que no puede fiarse de nadie y debe hacerlo todo por sí misma. Entonces adopta un trabajo a medio tiempo y se sacrifica para estudiar al mismo tiempo y graduarse.
4.- Es esta parte protectora suya autosuficiente la que le elige como enamorado a un chico responsable y bueno, que la va a recoger al restaurante donde trabaja todas las noches para llevarla a casa... pero cuando conoce a un chico encantador y juguetón, que la hace reír, baila bonito y le compra un vestido, se enamora perdidamente y se ilusiona. No se da cuenta, pero la personalidad del chico, al igual que la del padre de Tefa, es una personalidad encantadora engañosa.
5.- Después de un año se desilusionará, cuando el chico le falle, y cuando ella esté embarazada, se moleste, la lleve a abortar y se desaparezca, después de lo cual ella descubra que al mismo tiempo que estuvieron juntos, él tenía otras relaciones.
6.-Tefa volverá entonces a su vieja estrategia autosuficiente y se dirá que fue una tonta al confiar en alguien así e ilusionarse de esa manera. Cuando se enamoró, sin embargo, no tuvo opción porque estaba bajo el dominio de su niña herida, esta vez bajo el dominio de la experiencia faltante de su niña herida, que soñaba un cierre positivo con alguien en quien proyectó la figura del padre ideal, no solo encantador, sino confiable.
7.- Una vez reforzada su estrategia autosuficiente por este fracaso amoroso, Tefa llegará a los 40 agotada, rígida, llena de síntomas y con la sensación de estar sola en el mundo. Su único camino de salida tendrá que pasar por la destrucción de su vieja personalidad autosuficiente y renacer a una personalidad abierta, más confiada, empática y relajada, capaz de apoyarse en el grupo y dejarse ayudar cuando lo necesita. Una personalidad capaz de ver a su pareja y disfrutarla tal y como es, sin villanizarla ni idealizarla.
8.- Entonces Tefa podrá florecer, es decir: canalizar toda la energía que antes empleó en ser neurótica, hacia una vida más plena y creativa.
EN RESUMEN:
1.- Gastamos mucha energía en vivir en vivir los problemas imaginarios de nuestra personalidad neurótica, es decir de la personalidad que nos forjamos durante el crecimiento para adaptarnos mejor a nuestros cuidadores.
2.- Los problemas de la personalidad neurótica ordinaria parten de la relación conflictiva entre una parte vulnerable herida y una parte protectora que evita la reapertura emocional de esas heridas, ya sean de rechazo, abandono, engaño, etc.
3.- La parte vulnerable o niño herido lleva dentro, además de sus heridas emocionales, una experiencia faltante que espera ser completada a través de proyecciones idealizadas e insostenibles. Cuando estas proyecciones fracasan la estrategia inicial se refuerza.
4.- Las estrategias protectoras que nos ayudaron durante el crecimiento a adaptarnos al medio ambiente, se desactualizan cuando somos adultos y el contexto en que nacieron dichas estrategias ha desaparecido. Ahora soy un adulto y tengo el poder, el conocimiento del mundo y las posibilidades que entonces no tenía.
5.- Si descargamos nuestras historias penosas y cambiamos las creencias erróneas que dejaron en nuestras partes heridas por creencias verdaderas y positivas, podemos enraizarnos en el presente y generar un cambio en nuestra personalidad.
6.- A partir de esta sanación emocional creamos un lugar seguro desde el cual salir a la aventura y caminar un camino con corazón.
7.- Cuando seguimos un camino con corazón y contamos con la colaboración del inconsciente, podemos hacer cosas que superan, incluso, nuestras propias expectativas.
SÍNTESIS FINAL:
Cuando dejamos de vivir el aquí y el ahora de la experiencia presente como si fuera el allá y entonces de la experiencia traumática, nos liberamos de todo sufrimiento innecesario y nos cargamos de energía para hacer lo que realmente deseamos y proporciona sentido a nuestra existencia.